No es posible parar, el reloj no deja de gritar los minutos que le quita y las ideas se pelean por salir del cubículo mental en el que está. Como cumpliendo horario de oficina, su cuerpo tampoco responde a la tranquilidad orgánica y lógica de frenar.
Aquellas locuras jóvenes e inconclusas le arrebataron tantos años, que ahora intenta recuperar el tiempo perdido, gastándolo y subestimándolo. Ella recicla las horas para que el día dure más, sacrifica sonrisas, evade miradas y continúa.
Sin embargo, todo ese veloz remolino se detiene en un impás. Sus manos ya no se manchan de tinta, sus lentes ya no reflejan ese pilón de letras amontonadas y sus hombros dejan de resistir la tensión que les produjo el tradicional café de la mañana.
Es un suspiro; raro en ella, ya que apenas lograba respetar el normal proceso de respiración - ahorro de recursos le llamaba - y la toma por sorpresa.
No hay dígitos que sumar o restar, no hay ojos que la vean detenerse, no hay voces que la exhorten a sobreexplotar cada segundo ni palpitaciones que parar.
Ella se encuentra allá afuera, donde el aire atraviesa y recompensa esos cansados pulmones, donde el verde es simplemente verde sin pixeles o trucos digitales. El cielo está donde corresponde, la tierra le humedece los talones y la vida la recorre por entera como si fuese la primera vez.
Sólo tenía un conocimiento teórico, basado en varias doctrinas para obtener una respuesta democrática, sobre lo que la luz podía producir: ahora era la prueba empírica sobre sus pupilas, regodeándose en sus mejillas y obligándola a sentirse humana y vulnerable.
Paró por una casualidad, él la contuvo, la atrapó y le hizo prometer que aunque las ataduras modernas la hicieran cumplir horario y marcar tarjeta, él estaría esperando a que regrese porque siempre tendría un lugar para ser ella: un descanso.
el sentimiento es inaudito, cuantas sorpresas mas esconderás?
ResponderEliminarLas que la vida me siga regalando, espero...
ResponderEliminarSi la poesía obnubila al lector por la simplicidad y la perfección de una rima consonante que endulza el oído; la prosa debe describir un estado de ánimo o un suceso cuidadosamente, desde el principio al fin, para situar la imaginación del lector precisamente en el mismo sitio en que se encontraba el alma del que escribía.
ResponderEliminarMi enhorabuena por vuestra producción...
Pariente perdido de Yamato, que hace años habita en el olvido, y está a punto de resurgir -cual ave Fénix- entre sus propias cenizas...
Menesteroso Paria
(Dichoso el que lee)